Dios nos llama y nos ilumina” (2Tim 1, 8b-10). Así fue, especialmente, a partir del 14 de marzo, mitad de la Cuaresma, cuando el Gobierno decretó el estado de alarma y el confinamiento domiciliario con el fin de luchar contra los efectos de la pandemia provocada por el virus COVID-19.

Este acontecimiento hace patente la necesidad de adaptación que tenemos los que estamos en el mundo educativo, inmersos en un contexto en constante transformación, interconectado, donde la creación de conocimiento, la inteligencia artificial y la robótica están generando grandes cambios socio-económicos. La infancia y la juventud de hoy tendrán mañana enormes retos, en gran parte desconocidos, que exigirán profundos análisis, conocimientos complejos y una alta dosis de creatividad. Los veinte Centros Educativos Vicencianos de Hijas de la Caridad de la Provincia canónica Madrid-San Vicente, con su Proyecto COMPAS, veníamos mostrando durante los últimos años nuestro compromiso y pasión con el objetivo de que nuestros alumnos adquieran esos aprendizajes y competencias. Hemos recogido en él lo mejor de las innovaciones pedagógicas del siglo XX (estimulación temprana, inteligencias múltiples, rutinas y destrezas de pensamiento, aprendizaje cooperativo, proyectos de comprensión, proyectos de aprendizaje y servicio, el enfoque flipped classroom y los paisajes de aprendizaje) para combinarlas con las herramientas tecnológicas del siglo XXI que, junto a los programas de robótica y proyectos STEAM de nuestros planes digitales, nos permitan a docentes y alumnos crecer en la competencia digital y la científico-técnica a la vez que en el resto de competencias, con especial acento en la competencia espiritual a través de la propuesta evangelizadora de nuestros centros. Con esto pretendíamos actualizar nuestro proyecto educativo para continuar siendo instituciones que transmitan la verdad del Evangelio para el ser humano de hoy. A lo largo de 400 años de historia, los Centros Educativos Vicencianos hemos aprendido bien cómo reinventarnos para dar respuesta a los imprevistos que la vida nos va presentando y convertir, desde la creatividad y el amor infinito, como decía San Vicente, las crisis en oportunidades.

2020 nos ha obligado de nuevo a salir de nuestra zona de confort en cuanto a lo conocido y planificado, presentándonos una nueva situación, desconocida, incierta e imprevisible para todos. Y cuando el COVID-19 paralizó nuestras vidas, nos dimos cuenta de que era el momento de sacar lo mejor de cada uno de nuestros equipos y hacer que la innovación fuera el modo de llegar a los alumnos, padres y profesores, para lograr que la tarea educativa, que va mucho más allá de lo puramente académico, siguiera adelante y lo hiciera con éxito. En un primer momento, gracias al esfuerzo en formación en  innovación pedagógica ya recibido en estos años, los docentes respondieron, en general, pronto y bien. Los centros supieron aprovechar los recursos que tenían a mano, tales como la plataforma y los entornos educativos digitales que llevaban usando un tiempo. Las programaciones se adaptaron y se pudo, no sin gran esfuerzo, mantener el pulso del curso. Pero pronto surgieron las dificultades, cuando detectamos que algunos alumnos no se conectaban y la brecha digital, causada por la falta de dispositivos o conectividad, dejaba fuera de nuestras aulas virtuales a los más desfavorecidos.

Desde el Equipo de Titularidad que gestiona la red de los colegios de Hijas de la Caridad de la Provincia Madrid-San Vicente nos pusimos a solucionarlo, buscando recursos en diferentes medios. Con gran empeño y generosidad se logró repartir hasta 86 dispositivos para los alumnos más vulnerables. Por otra parte, ante la falta de conectividad de las familias, llegó la wifi de nuestro amor vicenciano, a través de la apertura de un crowdfunding con el hashtag #conectadossv, que recogió más de 6.000 € para adquirir 130 líneas de internet que estuvieron operativas hasta el final del curso. Nuestro ser de escuela innovadora y vicenciana se hacía realidad al servir de referencia, soporte técnico y acompañamiento cercano y humano para que todos los alumnos fueran capaces de continuar formándose en medio de una situación de pandemia global.

Esta experiencia vivida nos ha dejado un poso e impulso para afrontar el futuro, porque, lejos de sentirnos complacidos por lo logrado, siguiendo a San Vicente de Paúl, para quien “los deberes de la justicia son preferibles a los de la caridad” (SVP., VII, 525), hemos comprendido que el acceso a dispositivos y conectividad adecuada se ha convertido hoy en cuestión de primera necesidad. Superar la brecha digital en nuestras comunidades educativas es un deber de justicia que implica una gran responsabilidad por nuestra parte: seguir mejorando nuestra competencia digital y pedagógica como docentes y, a la vez, buscar vías para que nuestros alumnos más vulnerables sigan teniendo acceso a una educación que les permita ser felices, saliendo de esa situación de desigualdad en la que se encuentran. Motivados por esto, una vez pasado el período duro de confinamiento, hemos afrontado este curso incierto con ilusión y confianza en todo lo aprendido. Nuestra formación docente, diseñada en formato on-line, profundiza nuestra apuesta por las metodologías activas: aprendizaje cooperativo en distancia social y el uso de paisajes de aprendizaje y el enfoque flipped, junto con aplicaciones utilizables en las aulas, para lograr que nuestras programaciones sean flexibles y adaptables a las necesidades de cada uno de nuestros alumnos. Además, hemos querido aprovechar el empuje de las reuniones de equipo virtuales, que tuvimos durante el  confinamiento, para mejorar nuestra coordinación y comunicación con el fin de compartir todo lo que nos está funcionando en los colegios.

Por otra parte, hemos querido aprovechar la filosofía de #conectadossv, continuando con las alianzas establecidas para lograr una digitalización de nuestros colegios de mayor calidad. Queremos que el acceso a la conexión y dispositivos de nuestro alumnado más vulnerable y sus familias sea un elemento institucionalizado y que no dependa de una respuesta asistencial a una necesidad nacida de una urgencia puntual. Con ello queremos seguir en la senda de las escuelas innovadoras que tanto San Vicente de Paúl como Santa Luisa de Marillac soñaban, en su tiempo, para que el mensaje evangélico unido a la promoción social fuese una realidad en el mundo.

Santiago Cáneva y Sara Alcalá

Responsables de las Áreas Pedagógica y Pastoral-Social del Equipo de Titularidad de la

Provincia Madrid-San Vicente de Hijas de la Caridad

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