Lo que los padres sensatos quieren para sus hijos es lo que los gobiernos deberían desear para todos los niños

Tal vez, el resultado más impresionante que obtienen los sistemas educativos de alcance mundial sea la oferta de una educación de calidad en todos los niveles del sistema, consiguiendo que todos los alumnos puedan beneficiarse de una educación excelente. En la última evaluación de PISA, el 10% de los alumnos de 15 años más desfavorecidos de las cuatro provincias chinas que participaron en la prueba superaron al alumno medio de la OCDE, así como a los alumnos de los contextos más privilegiados de España.

Alcanzar una mayor equidad educativa no es solo un imperativo de justicia social, sino que también permite utilizar los recursos de forma más eficiente e incrementar la oferta de conocimientos y habilidades que alimentan el crecimiento económico y promueven la cohesión social. Los niños de las familias más ricas encontrarán muchas puertas abiertas para lograr una vida plena. Sin embargo, los niños de familias pobres, por lo general, solo tienen una oportunidad para construir su proyecto vital, y es un buen colegio que les permita desarrollar su potencial. Aquellos que pierden ese tren pocas veces consiguen ponerse al día, dado que las siguientes oportunidades educativas suelen reforzar los primeros resultados obtenidos.

Un comentario que se suele escuchar en los debates sobre la diversidad social en las aulas es que el colegio no puede resolver los problemas sociales. Pero, entonces ¿qué podemos esperar de la escuela, si no aborda los retos que enfrenta la sociedad? ¿Y qué podría ser más importante que apoyar a los alumnos con mayor necesidad y a los profesores y colegios que trabajan en las circunstancias más difíciles? Parece claro que la sociedad espera que sean los colegios los que solucionen los problemas que antes resolvían otros. El deber de la política pública es ayudar a los centros a hacer frente a esas demandas.

Para empezar, muchos sistemas educativos deberían alinear mejor sus recursos con las necesidades. En cuanto a recursos materiales, se han conseguido muchos avances; pero atraer a los mejores profesores para enseñar en las aulas más necesitadas sigue siendo un reto en muchos países. No es tan fácil como pagar mejor a los profesores que trabajan en colegios desfavorecidos; se requiere una solución holística donde los profesores se sientan apoyados en su vida profesional y personal cuando asumen retos adicionales, y donde sepan que sus esfuerzos extraordinarios serán valorados y reconocidos públicamente.

Es difícil para un profesor poder adjudicar tiempo y recursos añadidos, tan escasos, en favor de los alumnos que tienen mayores necesidades. La gente que aplaude el valor de la diversidad en el aula suele hablar de aulas a las que van los hijos de los demás. Generalmente, es difícil convencer a padres socio-económicamente favorecidos, cuyos hijos atienden los mismos colegios que otros niños privilegiados, de que todos ganan cuando las clases son socialmente más diversas. Los legisladores, también, tienen dificultades para asignar más recursos donde los retos son mayores y donde esos recursos pueden tener más impacto, muchas veces porque los niños en situación de desventaja no tienen a nadie defendiendo sus intereses.

La equidad no solo está relacionada con los niveles socioeconómicos y con la necesidad de gastar más recursos en favor de los niños más necesitados. También es importante darse cuenta de que todas las personas tienen su propia forma de aprender y que tienen necesidades diferentes. La lucha del siglo XX tuvo que ver con el derecho a la igualdad. La lucha del siglo XXI tendrá que ver con el derecho de ser diferentes.

La manera en la que tratamos a los alumnos y ciudadanos más vulnerables muestra quiénes somos como sociedad. La información recogida por PISA revela que uno de los factores que más pueden influir en el desempeño académico de un alumno es el origen socioeconómico de sus compañeros de clase. Esto implica que uno de los recursos más importantes que pueden ser asignados a los colegios y las aulas son los propios alumnos. El hecho de que Alemania no se alejase, como hicieron otros países de Europa del Norte en los años previos e inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, de una organización diversificada de la enseñanza secundaria, basada en la clase social, le ha producido dificultades para poder ofrecer la calidad educativa que necesitarían los alumnos de bajos recursos, en particular los de origen migrante, para tener una oportunidad digna de salir adelante.

La decisión tomada posteriormente por algunos estados alemanes de pasar de tres ramas de enseñanza a dos ha contribuido a una mejora en términos de equidad en los últimos años. De forma parecida, Polonia ha conseguido reducir de manera significativa la proporción de alumnos con bajo nivel académico, al pasar de un sistema de educación secundaria organizado principalmente según la clase social, a un sistema donde alumnos de todos los entornos están matriculados en escuelas no selectivas.

Para calcular los fondos a destinar a cada colegio, Suecia utiliza una fórmula cuyo propósito es asegurar que cada centro educativo disponga de los recursos necesarios para implementar el exigente curriculum nacional. Según esa fórmula, las regiones aisladas al norte del Círculo Polar Ártico  reciben más dinero por habitante para educar a sus alumnos de lo que  recibe Estocolmo. Eso es porque en escuelas rurales hay menos alumnos que en las ciudades que se matriculan en ciertas asignaturas, como física, por lo cual el tamaño de las clases será reducido; sin embargo, todos los alumnos, independientemente de dónde vivan, tienen derecho a estudiar las  asignaturas exigidas por el curriculum. En la misma línea, los colegios suecos con mayor porcentaje de alumnos inmigrantes reciben más recursos que colegios donde hay menos inmigración.

El “Pupil Premium” en Inglaterra otorga recursos adicionales a los colegios por cada alumno desfavorecido matriculado. Los colegios tienen mucha autonomía para decidir cómo emplear esa ayuda, en esencia pueden asignarla libremente siempre y cuando pueden señalar y explicar las evidencias que apoyen su decisión y justificar las decisiones frente al público. Esto significa que pueden mejorar la enseñanza, pero también que pueden incorporar un amplio abanico de servicios sociales dentro del entorno académico que son esenciales para apoyar a los alumnos más vulnerables.

Shanghái consigue tanto buenos resultados en PISA como poca variación en el desempeño de los alumnos a nivel de toda la provincia. Esto no es fruto del azar, sino de esfuerzos intencionados para fortalecer los centros más débiles. Estos esfuerzos incluyen una renovación sistemática de la infraestructura de todos los colegios para alcanzar condiciones comparables, la creación de un sistema de transferencias financieras en favor de los centros que atienden a alumnos en situación de desventaja y el diseño de estructuras profesionales que incentivan a los mejores docentes para que enseñen en los entornos más vulnerables. También incluye hermanamientos entre los distritos y colegios donde los resultados son peores con distritos y colegios de alto nivel, para que las autoridades puedan compartir sus planes de desarrollo y discutirlos juntos, y para que las entidades de desarrollo profesional docente puedan compartir sus curriculums, material educativo y buenas prácticas.

El estado de Ceará en Brasil da un premio significativo además de recursos económicos a los colegios con mejores resultados, lo cual les permite contratar a más expertos y profesores especializados. Sin embargo, no pueden emplear estos recursos en su propio colegio: tienen que asignarlos a los centros que tienen mayores dificultades. Así, todos ganan: los colegios de alto rendimiento obtienen más prestigio y un equipo ampliado, mientras que los colegios de bajo rendimiento se benefician de la experiencia de los mejores colegios, lo cual puede ser más valioso que simplemente disponer de más dinero. Estos ejemplos muestran que una educación universal de calidad es un objetivo asequible, que está a nuestro alcance ofrecer un futuro digno a millones de aprendices que a día de hoy no lo tienen, y que nuestra tarea no es hacer posible lo imposible, sino hacer que lo posible sea alcanzable.

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  1. Apoyar a los niños, adolescentes y adultos jóvenes desfavorecidos en su educación

“[…] Cada país necesita comprender a qué edad la desigualdad comienza a afectar a los individuos y cómo se agrava a lo largo de la vida. Esto podría requerir el desarrollo de pruebas nacionales apropiadas para cada edad y la realización de estudios longitudinales. Los países deben considerar la  posibilidad de crear y reforzar políticas y programas que apoyen a los estudiantes desfavorecidos en las etapas en que la desigualdad es más prevalente y durante los períodos inmediatamente anteriores a que se produzcan esas desigualdades. Esas políticas pueden ayudar a impedir que se desarrollen las desigualdades y limitar aquellas que ya puedan haberse arraigado.”

  2. Ofrecer programas de educación infantil de calidad a los niños desfavorecidos

“Un hallazgo común a todos los países es que la desigualdad educativa ya se observa a los 10 años de edad; esto lleva a la segunda implicación política del informe: la importancia de la intervención temprana. La educación infantil y el cuidado de la primera infancia son vehículos fundamentales para proporcionar entornos de aprendizaje más equitativos desde el principio. […] Además, una educación de calidad en la primera infancia ayuda a que los niños adquieran aptitudes sociales y emocionales esenciales. Sin embargo, en muchos países, las familias pobres y de minorías tienen menos probabilidades de matricular a sus hijos en esos programas. Los países deberían promover un mayor acceso a esos programas, en particular entre las familias desfavorecidas. […]”

  3. Establecer metas ambiciosas y monitorear el progreso de los alumnos desfavorecidos

“Los países podrían establecer puntos de referencia progresivos para supervisar sus avances en materia de equidad educativa. Por ejemplo, cuando se trata de mejorar el rendimiento académico de los alumnos desfavorecidos, los países podrían querer distinguir entre puntos de referencia basados en criterios nacionales, como alcanzar una cierta proporción de alumnos desfavorecidos que logren la excelencia según los estándares nacionales, y puntos de referencia basados en criterios  internacionales o absolutos, como alcanzar una cierta proporción de alumnos desfavorecidos que logren el nivel de competencia 3 de PISA en ciencias, lectura y matemáticas. […]”

  4. Desarrollar la capacidad de los profesores para detectar las necesidades de los alumnos y gestionar aulas diversas

“Cambiar las prácticas dentro del aula puede ayudar a reducir las brechas cognitivas y socio-emocionales relacionadas con el nivel socioeconómico. Al proporcionar a las escuelas servicios tales como apoyo y formación específicos para los profesores, éstos pueden estar mejor preparados para identificar y abordar las dificultades de aprendizaje, desarrollar métodos de enseñanza más personalizados y efectivos, y fomentar la autoestima y las actitudes positivas entre los alumnos desfavorecidos. […] Además, las escuelas que ofrecen servicios de orientación y asesoramiento profesional a los alumnos pueden complementar los esfuerzos en el aula y ayudar a los alumnos a evaluar sus progresos y a pensar estratégicamente en sus objetivos y aspiraciones. […]”

  5. Destinar recursos adicionales a los estudiantes y escuelas desfavorecidos

“[…] Es esencial que los alumnos desfavorecidos de todas las escuelas tengan los recursos necesarios para tener éxito. Esto significa que la financiación debe orientarse de manera que se igualen las oportunidades de aprendizaje y los logros. Por lo tanto, las escuelas con una mayor proporción de alumnos desfavorecidos requerirán inversiones adicionales en recursos humanos y materiales, tales como mejoras en la infraestructura escolar, formación y apoyo a los profesores, programas de desarrollo lingüístico para los alumnos minoritarios, servicios de tutoría y apoyo escolar, actividades extracurriculares y programas de enseñanza  personalizados para abordar los problemas de aprendizaje particulares de los alumnos desfavorecidos y de comunidades minoritarias. Igualmente importante es que las escuelas con una proporción importante de alumnos desfavorecidos garanticen que la oferta de recursos disponibles sea  suficiente para satisfacer la demanda de todos los alumnos. Los alumnos desfavorecidos, incluso los de las escuelas más aventajadas, deben ser informados y animados a utilizar estos servicios. […]”

  6. Reducir la concentración de alumnos desfavorecidos en determinadas escuelas

“Otra forma de abordar la doble desventaja es reducir el número de alumnos que la padecen, reduciendo la concentración de alumnos desfavorecidos en determinadas escuelas.

La segregación residencial puede explicar por qué se encuentran grandes grupos de alumnos desfavorecidos en las mismas escuelas. Sin embargo, las políticas utilizadas para asignar alumnos a las escuelas pueden ofrecer oportunidades para mejorar el nivel de diversidad social en las escuelas. Esto puede ocurrir mediante la remodelación de las zonas de captación de las escuelas o de los distritos escolares para incluir barrios con  características sociales diferentes. Sin embargo, esas políticas pueden, a su vez, reforzar la segregación residencial a largo plazo. […]”

  7. Fomentar el bienestar de los alumnos

“Las investigaciones revelan que las expectativas de los alumnos son un factor clave para su éxito futuro. Existen importantes disparidades en las expectativas de educación y carreras futuras entre los alumnos aventajados y desfavorecidos de 15 años, y estas diferencias ayudan a explicar las  diferencias en cuanto a logros educativos y profesionales entre jóvenes adultos, independientemente de su rendimiento en PISA. Se observan relaciones similares para una amplia gama de resultados socio-emocionales, incluyendo la autoeficacia del alumno, el sentido de pertenencia a la escuela y las actitudes hacia la escolarización. Por consiguiente, las políticas destinadas a promover la equidad en la educación y la movilidad educativa deben ser polifacéticas. Es necesario que garanticen que los estudiantes reciban recursos educativos adecuados, asignándolos equitativamente entre los colegios, y que también proporcionen a los  profesores los instrumentos para ayudar a fomentar actitudes y aspiraciones positivas entre los alumnos de entornos desfavorecidos. […]”

  8. Crear un clima que favorezca el aprendizaje y el bienestar

“Si bien los profesores pueden ayudar a promover el bienestar en sus aulas, todos los actores de la escuela (el personal y los alumnos) deben trabajar juntos para dar prioridad al bienestar en las escuelas. Las escuelas pueden dar a los alumnos más oportunidades de participar en esos esfuerzos animándolos a expresar sus opiniones sobre el tema, ofreciendo funciones de liderazgo a través de las organizaciones estudiantiles, y permitiendo que se adopten más enfoques de aprendizaje y de toma de decisiones dirigidos por los alumnos. La comunidad escolar puede colaborar en la aplicación de programas e intervenciones específicos, elaborar políticas de apoyo y diseñar enfoques estratégicos para abordar comportamientos específicos, como el bullying y la violencia, y otros comportamientos antisociales y estados psicológicos, como la baja autoestima, la depresión y el duelo. […]”

  9. Fomentar la comunicación con el hogar y la participación de las familias

“Para que los métodos empleados en el aula tengan éxito, las escuelas y los profesores deben mejorar la comunicación con las familias más  desfavorecidas y ayudarlas a desarrollar en casa entornos más propicios para el aprendizaje. Los docentes pueden utilizar diversas formas de comunicación para mantener a los padres al tanto de los progresos de sus hijos y para abordar en colaboración cualquier dificultad que el alumno pueda tener en la escuela. La comunicación con las familias también puede constituir una plataforma para explorar las diversas formas en que madres y padres pueden involucrarse más en los estudios de sus hijos. […]”

ANDREAS SCHLEICHER
Director de Educación y Competencias en la OCDE
Traducido por Eline B. Lund

Bibliografía

OECD (2019), Education at a Glance 2019: OECD Indicators. OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/f8d7880d-en.

OECD (2018), Equity in Education: Breaking Down Barriers to Social Mobility. PISA, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/9789264073234-en.

OECD (2016), PISA 2015 Results (Volume I): Excellence and Equity in Education. PISA, OECD Publishing, Paris, http://dx.doi.org/10.1787/9789264266490-en.

OECD (2015), In It Together: Why Less Inequality Benefits All. OECD Publishing, Paris, http://dx.doi.org/10.1787/9789264235120-en.

UNESCO (2015), Incheon Declaration. Education 2030: Towards Inclusive and Equitable Quality Education and Lifelong Learning for All. http://unesdoc.unesco.org/images/0023/002338/233813m.pdf (accessed on 05 April 2018).

Webgrafía

https://www.oecd.org/pisa/

http://www.youtube.com/oecdilibrary

World Bank (2018), World Development Report 2018: Learning to Realize Education’s Promise, http://www.worldbank.org/en/publication/wdr2018 (accessed on 22 June 2018).

Abstract

Schools play an important role in addressing the challenges of society and greater equity is one of the priorities schools should pursue, given that different socioeconomic backgrounds lead to differences in academic performance and great disparities in terms of opportunities later in life. What can schools and school systems do? Allocating more financial and material resources on students with the strongest needs is only part of the answer. Another key factor to consider is how to attract the best teachers to teach in the most vulnerable schools, and the way students themselves are allocated in schools can affect their future outcomes. Countries such as Poland, China, Sweden and Brazil provide some interesting examples of policies that lead to greater equity and the report “Equity in Education: Breaking Down Barriers to Social Mobility”, published by the OCDE in 2018, puts forward other recommendations to consider, such as adequate teacher training and focus on well-being.

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