La poeta norteamericana Muriel Rukeyser nos recuerda que “el mundo no está he-cho de átomos, está hecho de historias”.La vida diaria de nuestro colegio Misioneras Cruzadas de la Iglesia, en el barrio Palma-Palmilla de Málaga, está hecho de pequeñas historias, de historias vitales que nos toca acompañar cada día desde el año 1973. Muchas de ellas están marcadas por el contexto social y económico de exclusión que nos toca vivir en nuestro barrio. Y, lo que es más doloroso, nos toca acompañar experiencias infantiles adversas. Los acontecimientos de estos barrios, su realidad, sus gozos y tristezas nos constituyen, nos configuran como personas y como sociedad. La exterioridad de estos barrios que habitan a las afueras de las grandes ciudades, descubre y denuncia la interioridad de una sociedad que los silencia y olvida. Mirar esa exterioridad nos debería poner en trance de conversión de toda una forma de ser y hacer nuestra convivencia social.

Hoy, en nuestro colegio, seguimos actualizando y encarnando las palabras de la fundadora de nuestra Congregación, Santa Nazaria Ignacia: “elevar la dignidad de las personas” dando lo mejor, lo de más calidad humana y evangélica, a aquellos que más lo necesitan. En nuestro barrio, quienes más lo necesitan son aquellos chavales y familias que viven al margen, olvidados por la gran ciudad.

En el colegio atendemos a 325 alumnos, desde Infantil (3 años) hasta 4º de ESO (de los cuales un 60% son de etnia gitana y otro 10% son alumnos de diferentes nacionalidades). Trabajar en este “cacho” de Reino nos lleva a cultivar y seguir creciendo en la misión, cuidando a las personas que aquí estamos, recordándonos cada día las palabras de Nazaria: “estamos perdiendo lastimosamente el tiempo si no bajamos a la calle… a eso nos empuja nuestra vocación de acción social”.

Los datos sobre la realidad de nuestro barrio nos muestran los mismos síntomas que reflejan las radiografías de otras zonas de exclusión social:

  altos índices de paro o trabajo precario, asociado a rentas bajas que impiden la autonomía familiar y personal;

  problemas asociados al estado de las viviendas;

  familias desestructuradas por diversos motivos;

  en el ámbito educativo, datos sobre el fracaso y abandono escolar altamente preocupantes, que hipotecan las generaciones futuras;

  enfermedades asociadas a estrés emocional, que llegan a degenerar en enfermedades crónicas;

  aislamiento y una baja participación en la vida política y social, lo que genera desafección con el resto de la ciudad (ver VIII Informe FOESSA1).

Cuando desde nuestro colegio debemos afrontar el día a día, vemos que esta realidad de dificultades del barrio no son solo un problema, son nuestra misión.

Partiendo de estas circunstancias, y desde la identidad y carisma de nuestro centro, hemos querido tener muy presentes los criterios de calidad y calidez educativa: vivir nuestra escuela con un claro testimonio y horizonte evangelizador; cuidar nuestro modo de tomar decisiones desde el discernimiento, concretando los retos de cada día desde una comunidad que quiere ser casa y escuela de (y en) comunión; vivir el ser comunidad en clave de acompañamiento; y, como nos muestra con crudeza la vida cotidiana de nuestros chavales y familias, ser un centro educativo sensible y comprometido con los últimos y olvidados.

Nuestro carisma nos lleva a servir desde la fe y la justicia para elevar la dignidad de cada una de las personas que pasan por nuestra escuela. Para nosotros ha sido fundamental un proceso formativo que nos ha llevado a realizar proyectos de educación emocional, acompañamiento personal y lectura creyente de la realidad. Nos ha ayudado a tomar conciencia de que nuestra misión nos lleva a la frontera. Fruto de todo este proceso es el grupo de trabajo que forma el “Proyecto Adelante: acompañar en contextos de exclusión”, en el que nos acompaña el religioso Silvio Bueno sscc. Este grupo de trabajo lo compartimos con otros docentes, de otros centros educativos de la ciudad, y con profesionales de otros campos. Siempre desde una visión humanista y desde la Antropología católica, abordamos los retos personales e institucionales que debemos afrontar cuando acompañamos realidades en las que habita la dificultad. Una experiencia que nos ayuda personalmente a hacernos cargo de tan inmensa tarea, y a saber encargarnos de esta realidad desde una comunidad que vive a los pies de estas cruces.

Es fundamental nuestro compromiso pastoral y evangelizador desde el que realizamos una lectura creyente de la realidad, sabiendo comprender que la exclusión social va de la mano, así lo entendemos nosotros, de un abandono y pobreza espiritual. Los caminos recorridos en nuestros oratorios, en las sesiones de meditación y mindfulness, la vivencia de una fe sencilla de una pequeña cofradía escolar y de barrio, los momentos de oración y reflexión de la mañana, la apertura a participar en grupos de fe… Este claro horizonte evangelizador nos hace ser conscientes de que, los que aquí estamos, lo hacemos para los preferidos del Señor, y que Él es quien más los quiere.

Teniendo presente nuestra opción por el acompañamiento y la dimensión liberadora de la fe, hemos desarrollando un compromiso por la innovación educativa, buscando que nuestros alumnos sean protagonistas del aprendizaje, atendiendo su propio proceso personal. Para que estos maravillosos proyectos y recursos se encarnen y se hagan posibles en nuestra escuela debemos dar las gracias a personas concretas, entidades privadas, fundaciones y colegios de España y Latinoamérica. Todos ellos, compañeros de camino, han apoyado y sostenido muchas iniciativas que han permitido:

  la transformación de espacios educativos, de manera muy humilde y sencilla (gracias a la aportación de la Agrupación de Cofradías de Málaga, la realización del Campo de Trabajo Lázaro o la colaboración de familias, alumnos, profes, amigos y hermanas en los sábados de trabajo comunitario);

  la posibilidad de desarrollar un programa de aprendizaje del idioma inglés desde el desarrollo emocional e intelectual de cada alumno (gracias a AMCO y fundaciones privadas);

  gamificar el aprendizaje con la introducción de dispositivos IPad en grupos de clase o la implantación de eduZland, un programa curricular de aprendizaje en formato de videojuego para trabajar Lengua y Matemáticas en Primaria;

  la introducción de Progrentis como herramienta digital on-line para la mejora de la comprensión lectora (gracias al apadrinamiento lector de alumnos de nuestro centro que han realizado personas concretas, colegios de España y Latinoamérica, así como la propia empresa Progrentis);

  el Proyecto de Educador de Calle, en colaboración con Cáritas Diocesana de Málaga y Cáritas Española, que nos permite concretar itinerarios de empoderamiento con chavales con alto índice de exclusión social, promoviendo iniciativas como el huerto escolar o la radio escolar Somos Contigo;

  como parte fundamental e integradora de nuestro proyecto educativo, desde el colegio se atiende diariamente a unos 200 niños en el servicio de comedor escolar; nuestro centro educativo es el centro concertado de Andalucía que acoge a más alumnos en riesgo de exclusión social;

  también es fundamental el Proyecto Bajar a la Calle, que nuestro colegio está desarrollando desde hace 13 años dentro del programa Caixa ProInfancia; gracias a esta colaboración, más de 100 chavales desarrollan, en horario de tarde, actividades de refuerzo educativo, o diferentes talleres (baile, deporte, manualidades, batucada, teatro…) que son una opción de acompañamiento educativo y ocio alternativo a otros caminos que les muestra el barrio.

Para nosotros es fundamental contar con estos compañeros de viaje, y que se puedan seguir sumando más. Si no es así, será muy difícil el sostenimiento económico de nuestra misión.

En nuestro quehacer diario es fundamental la participación de las familias; ellas son parte importante en el desarrollo y madurez de sus hijos. Sabemos que a veces no es fácil su participación, pero su presencia es enriquecedora a la hora de acompañar a sus hijos, ya sea colaborando en actividades lúdicas o de participación en el centro. Pero, sobre todo, nuestras familias dan sentido a nuestra misión educativa.

Sabemos que nuestra tarea educativa se desarrolla en la frontera existencial de la exclusión. En el momento que se termina de redactar este artículo hemos vivido un nuevo enfrentamiento entre clanes, resuelto con un tiroteo, con la triste noticia de la muerte de un vecino del barrio por una bala perdida. Por ello, seguimos creyendo que para los que más lo necesitan debe ser lo mejor, lo de más calidad humana y evangélica. Y, por último, nos gustaría invitaros a poner los ojos y el corazón en estos barrios donde se sufre tanto, el olvido y la exclusión, y que nos preguntemos: ¿qué hacemos para seguir marginando estos barrios?, ¿qué hacer para que dejen de serlo?, ¿qué debemos hacer para que estos barrios resuciten?.

COLEGIO MISIONERAS
JOSÉ MIGUEL SANTOS PARADAS
Director del Colegio Misioneras
Cruzadas de la Iglesia, Málaga

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