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n el contexto actual, que queremos ver tan lleno de esperanza y nuevas oportunidades, nos gustaría seguir soñando que la Educación Infantil se desarrolla en una escuela que genera experiencias educativas con calidad y calidez, en la que se escucha, se respeta y se consideran las potencialidades de todos los niños, y donde se afianza su autoestima y se construyen los cimientos de muchos aprendizajes que vendrán después. Una escuela que enseña a los niños a ser emocionalmente competentes para que aprendan desde pequeños a sentir, pensar, para luego hacer; y que despierta el amor por las palabras y la curiosidad por las historias, esas primeras lecturas que nunca se olvidan, como puertas que ayudan a descubrir poco a poco la adoración por los libros y la escritura. Y todo ello envuelto en unos espacios (tanto analógicos como digitales) donde la escuela se piense y se diseñe para generar ambientes que inviten a la experimentación, la comunicación y la investigación, que impliquen a los niños y les ayuden en su desarrollo, donde la enseñanza y los aprendizajes son los que han de configurar dichos espacios, y no al revés.

Estos principios pedagógicos nos invitan a ver al niño como protagonista de su aprendizaje que, como investigador dotado de gran curiosidad, aprende junto con otros; y al maestro, como guía que propone al alumno actividades y proyectos que despiertan su interés por descubrir el mundo y hacerlo un lugar mejor para todos, porque cuando un niño está haciendo algo en lo que está apasionadamente interesado, crece como un árbol en todas direcciones (John Holt).

Para transformar la escuela, tenemos que soñar despiertos y convertir esos sueños en propósitos que llevaremos a la acción, y así los sueños se convertirán en metas con plazos. John Dewey nos dice que la vida no es lo que vivimos, sino la huella que deja lo vivido en nuestro recuerdo. ¿Qué huella queremos dejar en nuestros pequeños alumnos de su paso por nuestras aulas de Educación Infantil?

Los educadores somos conscientes de que una óptima escolarización en esta etapa educativa es fundamental para el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños, favorece la equidad e inclusión, y previene y soluciona a tiempo problemas de aprendizaje, teniendo claro que es un trabajo compartido entre las familias y los centros. Tantos factores clave no los podemos dejar al azar. Las experiencias que generemos a estas edades tempranas dejarán profunda huella, como en el barro fresco que luego se solidifica. Por ello, debemos seguir diseñando experiencias significativas de aprendizaje, con proyectos rigurosos de planificación coordinada de todos los procesos.

Desde el Movimiento “Por la innovación educativa” de Escuelas Católicas hemos insistido en la importancia de la creatividad y participación de los alumnos en su proceso de aprendizaje, de valorar todas sus formas de expresión, comunicación y representación de ideas y de cómo la escuela debe seguir transformándose en ese “catalizador del cambio educativo” para responder al derecho de todos los niños a ser educados con esta calidad y calidez. Muchos de nuestros colegios ya están realizando los cambios necesarios para materializar en sus aulas su proyecto educativo de Educación Infantil centrado en los alumnos y es muy emocionante ver cómo sus profesores explican el trabajo de los niños que se expone por todas partes, y que representan su pensamiento, aprendizajes y evolución. Contamos con muchos referentes que nos acompañan para generar juntos esta visión educativa, y en este monográfico de Educadores, gracias a la colaboración de tantos expertos que nos comparten su reflexión y experiencia, encontraremos las bases e invariables psicopedagógicas y neuroeducativas que seguirán haciendo posible el aprendizaje desde estos propósitos.

¿Cuál es el próximo panorama para la Educación Infantil? Evaluar lo realizado, y sobre esa experiencia, seguir dando pasos seguros y sostenibles. Deseamos que cada escuela sea un lugar bello que responda a su proyecto educativo y evangelizador de manera responsable. Todos tenemos sueños y hemos imaginado nuestra Educación Infantil ideal. Se trata de la primera escuela en la que aprendemos, convivimos y somos, así que sí, hay que soñarla bonita.

IRENE ARRIMADAS
@iarrimadas

EDICIONES SM
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