a pandemia provocada por la COVID-19 ha cambiado nuestro modo de relacionarnos, nuestro modo de estar en el mundo y, por supuesto, nuestro modo de dar clase. Los profesores de Religión Católica siempre han estado a la vanguardia de los cambios para poder llevar a cabo su misión. En esta “digitalización de la vida” vienen de la mano riesgos y oportunidades; en estas páginas vamos a poner de manifiesto qué es lo que nos puede ayudar a llevar adelante esta tarea apasionante que es dar clase de Religión en un entorno híbrido.

Vamos a analizar por partes el título de este texto en sentido inverso… Es decir, que empezaremos por analizar los “entornos híbridos”, después seguiremos con “ser profe de Reli”, continuaremos por “ser profe” y terminaremos con “ser”. Adelante.

Entornos híbridos

Antes de nada, debemos reflexionar sobre qué es eso de “entornos híbridos”. Para la RAE, “híbrido” significa, en su segunda acepción:

  1. adj. Dicho de una cosa: Que es producto de elementos de distinta naturaleza.

Y más ajustado al ámbito educativo, encontramos referencias en el año 2006. Cuando aún estábamos en los albores de la enseñanza a través de Internet, ya hubo algunos intentos de definición:

“El aprendizaje híbrido presenta la convergencia de dos ambientes de aprendizaje arquetípico […] el tradicional cara a cara que ha sido usado durante siglos y los ambientes de aprendizaje con instrucción mediada por las tecnologías de información y la comunicación que han empezado a crecer y a expandirse de manera exponencial” (Graham, 2006).

Ante esta situación que, como hemos oído tantas veces durante la pandemia, “ha venido para que- darse”, podemos encontrarnos diversas posturas:

Los “procrastinadores”: “Cuando pase la pandemia, me pongo”. No sé si nos vamos dando cuenta: ahora es una pandemia, luego un terremoto y luego no sabemos qué, pero hay que dar un giro sí o sí. De momento no sabemos hasta cuándo durará esta situación, así que no podemos dejar que pase, porque nunca va a existir el momento oportuno.

Los “pesimistas”: “No se puede hacer nada”. Bueno, de verdad, así solamente nos hundimos. Y hay gente alrededor que es así como una especie de “vampiro energético”, profetas de calamidades que nos quitan la energía. Mejor dejar de lado a estos.

Los “primos de Mr. Wonderful”: “Todo es fabuloso”. Pues no tanto, como dice Francisco en Fratelli Tutti: “La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza a unir a la humanidad” (FT 43). Es verdad que la tecnología nos ha ayudado a acercarnos, pero nunca, nunca, va a sustituir la relación humana.

Los “optimistas motivados”: “Con Aristóteles, en el término medio está la virtud”. Ni lo presencial es siempre maravilloso, porque los alumnos también “desconectan” en modo presencial; ni lo digital es tan malo. Hay que buscar el lado positivo de cada cuestión y asumir que ahora toca “bailar a este son”. Desde ahí podemos llevar a cabo nuestra misión.

Ser profe de Reli

Continuamos nuestra reflexión sobre qué es eso de “ser profe de Reli”. En el fondo, la clave está en responder desde nuestra identidad a este reto que supone el entorno híbrido. Nuestros fundadores supieron responder a las necesidades de los niños, adolescentes y jóvenes de su época. Nosotros ahora, “solamente” tenemos que adaptar sus intuiciones a nuestro tiempo y si es híbrido, pues como si no lo es, es lo mismo. Tenemos que analizar qué necesitan los alumnos y responder a sus necesidades desde lo que somos.

Lo primero que debemos comprender es que ser “profe de Reli” es una tarea y una misión. Una tarea porque es un trabajo y como tal debe hacerse lo mejor posible, formándonos, preparándonos, haciéndolo de modo profesional. Y una misión porque en el fondo, y aunque nuestra labor no sea catequética, se enmarca en el “primer anuncio”: muchos alumnos no van a oír hablar de Jesús, Dios, la Iglesia, si no es a través de nosotros… Somos como “Biblias con patas”.

Esto es un regalo, sí, pero también una responsabilidad: debemos ser cuidadosos y fieles a la Iglesia, porque si impostamos, los alumnos nos “cazan rápido”. Son verdades tan profundas que no pueden quedarse solamente en lo nocional; son experiencias vitales. Por otro lado, los profesores de Religión siempre hemos estado a la vanguardia de la innovación; fuimos los primeros en introducir el vídeo en clase con ese “mítico” carrito compuesto de TV y vídeo con películas y documentales que ayudaban a comprender nuestra materia. Ahora no nos vamos a quedar fuera de lo digital, porque lo llevamos en el “ADN”, somos una especie que se adapta.

Hemos pasado por todas las leyes educativas y, aunque en muchos momentos nos “arrinconan” o nos ponen trabas, los alumnos y las familias nos siguen eligiendo, nos siguen buscando por lo que es nuestra asignatura, pero también por lo que nosotros aportamos. ¡Cuántos encuentros maravillosos hemos tenido con los alumnos por la confianza que genera nuestra materia!

Ser profe

Lo digital forma  parte  de  nuestro  día  a  día  y la pandemia ha puesto de manifiesto que no estábamos preparados para dar clase de esta forma. Se acabaron las excusas… ¡Si mi madre ha entrado en Facebook, todo es posible!

Así que no digas:

“No tengo tiempo”. Nadie tiene todo el tiempo que quiere, un día tiene 24 horas, tú decides cómo las inviertes.

“No soy el coordinador TIC”. Ha cambiado el modo de ser docente, todos debemos desarrollar la competencia digital.

“Soy de otra generación”. Sí, naciste en otro siglo, te lo compro, pero eres de esta generación, o al menos trabajas con esta generación. Así que al menos aprende a relacionarte con ella.

“Es que el ordenador no me deja”. No es el ordenador. El ordenador no es un ente perverso que se conjura contra ti para que no puedas hacer algo… Eres tú que no sabes hacerlo, así que deja las excusas y… ¡aprende!

Ha cambiado el rol del profesor; ya no somos la única fuente de conocimiento, ahora somos creadores de situaciones de aprendizaje en la que los alumnos deben asumir su protagonismo activo, acompañantes pedagógicos y apóstoles del esfuerzo. Eso necesitan de nosotros. Eso debemos darles para que se desarrollen.

Ser

Dejo lo más importante para el final. Lo más importante es SER, y lo pongo con mayúsculas, como si fuera un grito. Estoy convencido: enseñamos lo que sabemos, pero educamos con lo que somos. El currículo “latente” es lo más importante. Casi no recordamos lo que nos enseñaron nuestros profesores favoritos a lo largo de la vida, pero sí el tiempo que nos dedicaron y cómo nos hacían sentir, incluso queríamos ser como ellos. Esta es la clave y esto no lo sustituye ninguna herramienta tecnológica.

Es conjugar el verbo “to be”, o sea, ser y estar. Somos seres espirituales, necesitamos tiempos para encontrarnos con el misterio y reparar nuestra identidad. Tenemos que apostar por nosotros y creernos que tenemos el mejor trabajo del mundo. Hay personas que hacen objetos y son necesarios; nosotros modelamos personas, nosotros hacemos primer anuncio de Jesús… Nuestra misión es muy valiosa porque estamos dando forma a la sociedad y a la Iglesia de mañana.

¿Por dónde empiezo?

Pues te propongo que “eches una partida” a la PSP.

No, no es la Play Station Portable, es Pasión, Sacrificio y Paciencia:

Pasión: Porque sin ella no hay educación, porque lo que llevamos dentro se contagia a través de la pasión. Porque es lo único que hará que quieras seguir apostando por ese chico, esa chica que te saca de quicio, seguir formándote y aguantar “el lado oscuro” de nuestra profesión.

Sacrificio: Porque lo hemos aprendido  del Maestro.

Paciencia: Porque las cosas tienen su tiempo, su Kairós, momento oportuno.

 

Adelante, con PSP

JESÚS M. GALLARDO NIETO
Profesor de Religión en ESO
www.clasesdereliyetica.blogspot.com
@JesusMGallardo

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